La elección de la forma asociativa es una de las decisiones más relevantes para una PyME o una sociedad de familia. De ella dependen no solo aspectos legales, sino también la responsabilidad de los socios, la organización interna, la carga fiscal y las posibilidades de crecimiento futuro.
En un contexto económico cambiante como el argentino, contar con una estructura jurídica adecuada resulta clave para ordenar el negocio y evitar contingencias.
Las principales formas asociativas en Argentina
Entre las figuras más utilizadas por PyMEs y empresas familiares se encuentran:
Sociedad Anónima (S.A.)
Es una estructura habitual en empresas de mayor envergadura o con proyección de crecimiento.
- Capital dividido en acciones.
- Responsabilidad limitada al aporte.
- Organización más formal y mayores exigencias administrativas.
- Adecuada para proyectos que prevén ingreso de inversores o expansión.
Sociedad de Responsabilidad Limitada (S.R.L.)
Muy utilizada por PyMEs y sociedades de familia.
- Capital dividido en cuotas.
- Responsabilidad limitada al aporte.
- Estructura más simple que la S.A.
- Ideal para negocios con pocos socios y gestión directa.
Sociedad por Acciones Simplificada (S.A.S.)
Pensada para emprendimientos dinámicos y modelos de negocio flexibles.
- Constitución ágil y digital.
- Menores costos iniciales.
- Responsabilidad limitada.
- Requiere un correcto asesoramiento para evitar desorden societario o fiscal.
Sociedades simples (Sección IV – LGS)
Usadas en actividades de menor escala o emprendimientos iniciales.
- Menor formalidad.
- Responsabilidad no siempre limitada.
- Pueden implicar mayores riesgos patrimoniales si no se analizan correctamente.
Qué tener en cuenta al elegir una estructura
No existe una forma societaria “mejor” en términos absolutos. La elección debe considerar:
- Tipo de actividad y volumen de operaciones.
- Cantidad de socios y vínculo entre ellos.
- Nivel de riesgo patrimonial.
- Necesidades fiscales y previsionales.
- Proyección de crecimiento y sucesión familiar.
Una estructura inadecuada puede generar conflictos entre socios, ineficiencias impositivas y riesgos legales evitables.

El rol del asesor profesional
El estudio contable cumple un rol central en el análisis y acompañamiento de estas decisiones. No se trata solo de constituir una sociedad, sino de diseñar una estructura que acompañe el desarrollo del negocio, se adapte a los cambios y brinde previsibilidad.
Un asesoramiento integral permite:
- Elegir la forma societaria correcta.
- Cumplir con las obligaciones fiscales y legales.
- Anticipar riesgos y sanciones.
- Ordenar la gestión y el crecimiento.
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